H.3.1. Artesanía

La artesanía fue de las primeras actividades artísticas con sus productos destinados a ser mostrados. Cuando me casé, tenía mucho interés en que mi señora se interesara por algo de lo mío, tal vez como una forma de evitar un futuro antagonismo entre sus intereses y los míos. Yo quería algo que hiciéramos juntos. Ella no tenía interés en el arte, a pesar de haber tenido, como todas las niñas de su tiempo, clases de piano; que había abandonado porque se vendió el piano de la casa. En esos días de 1954, recién casados y viviendo en Santiago, supimos que la Universidad de Chile ofrecía cursos de verano cortos. Entre ellos uno de artesanía, dictado por un conocido ceramista de Santiago, el Sr. Guzmán. Nos inscribimos y disfrutamos el curso (ver foto del curso, Santiago,1951). Muchas arcilla, horno y pintura. Resultados, figurillas de cerámica con pretensiones artísticas. Desde un principio nos dimos cuenta que ivette y yo, éramos muy diferentes en los gustos, pero felizmente a ambos nos gustaba el trabajo del otro. De esos tiempos no queda nada. Los terremotos, los cambios de casa y de países, los abundantes niños, etc. resultaron en la pérdida de todo.

No podía tener las manos quietas, siempre estaba haciendo algo con variados materiales. Un día me visitó en Concepción, mi colega, amigo y compadre, Hernán Caballero Delpiano. Recién había terminado una miniatura de “montura chilena”, con mucho detalles y realismo. Había quedado buena. Cuando Hernán la vio con atención, me dijo: esta me la quedo porque soy tu compadre y no hay discusión. Y así fue. Con el tiempo Hernán entró a una organización internacional y vivió en varios países, finalmente recaló definitivamente en Montevideo Uruguay. Lo visitamos una vez y, para mi sorpresa, en el living de su casa, estaba mi montura en un lugar muy destacado. Se lo hice ver y me contó que era una pieza de conversación que había llamado la atención en todas partes, y que él había inventado una historia sobre un modesto artesano del sur de Chile, descubierto por él, que era yo. Le pedí que me la devolviera pues prácticamente me la había robado. Me contestó: ni loco, me trae recuerdos de mis estadías en el extranjero, y como viera en mis ojos la intención de robarla de vuelta, se la llevó a otra parte, libre de pérdida. Yo quedé pensando lo interesante que era volver a ver un obra mía luego de unos 40 años si verla. Me gustó mucho y reafirmó mi intención de explorar más en el arte. No hay ejemplos de obras en cerámica, ni mías ni de Ivette, por lo que no podré hacer una galería de fotos. Este fue el inicio de nuestras participación en innumerables cursos de distintas actividades. Prácticamente siempre estábamos en uno. Esto fue mas notable en Concepción, donde la Universidad de Concepción, donde yo trabajaba, siempre ofrecía cursos de verano y vespertinos. En ellos entramos a: dorado, cerámica, pintura y otros que no recuerdo. En lo que mas perseveramos fue en pintura, que he seguido incluso luego del fallecimiento de mi compañera.