E.2.6.- Visión personal de la creación de la Facultad de Agronomía de la UdeC

Jorge N. Artigas Ph.D
Profesor Emérito
Universidad de Concepción

Al término de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos de Norteamérica, vencedores de la guerra, se encontraron con una Europa destruida y por lo tanto con pocas probabilidades de ser consumidora de productos norteamericanos. El general Marshall, propuso un plan para levantar a Europa de su postración y transformarla en demandante de bienes producidos en Estados Unidos, quien enfrentaba el cierre de una enorme industria bélica que debía transformar en industria civil. El plan propuesto por el general Marshall, incluía un punto, denominado “Punto Cuarto” que proponía ayudar también a los países del tercer mundo, principalmente en el crecimiento de su agricultura, lo cual aumentaría la demanda de insumos agrícolas, principalmente maquinaria, pesticidas y fertilizantes producidos en Estados Unidos.

Chile fue seleccionado para aplicarle el Punto Cuarto. Vinieron varias comisiones de Estados Unidos a estudiar en qué lugar de Chile se podría aplicar este programa para que tuviera un impacto notable, susceptible de ser imitado en el resto del país. Luego de varios estudios, decidieron que Ñuble era una parte del territorio nacional donde la agricultura estaba más atrasada sin razón aparente, salvo la baja cultura agrícola de sus agricultores y la modesta calidad de sus técnicos.

El Punto Cuarto hizo un convenio con el Ministerio de Agricultura de Chile a través del “Departamento Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola (DTICA)” y se denominó “Plan Chillán”. Posiblemente tuvo otras actividades en Chile, pero menos relevantes que en Chillán.

En Chillán, la administración del DTICA se instaló en el edificio del Correo que estaba a medio construir y la parte técnica en la antigua Escuela Agrícola, lo que hoy son los edificios antiguos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción. El impacto del DTICA fue notable. Desde su inicio, llegaron numerosos técnicos norteamericanos que formaban equipo con jóvenes Ingenieros Agrónomos chilenos, especialmente contratados para este propósito. Se equipó con abundante maquinaria agrícola, vehículos e insumos. Especialmente los vehículos fueron muy notorios pues eran tiempos de gran escasez de vehículos particulares y también (especialmente) fiscales. Estas actividades empezaron realmente el año 1954, cuando los técnicos del Plan Chillán empezaron a visitar activamente a los agricultores para interesarlos en el uso de prácticas modernas de cultivo. Desde un comienzo los agricultores fueron reacios a recibir ayuda, aunque desde el principio muchas mejoras como empastadas, tranques acumuladores nocturnos, nivelación de suelo para riego, uso de pesticidas, etc. se les entregaban en forma gratuita. Lentamente los agricultores fueron captando la conveniencia de estas prácticas, aumentaron los insumos y mejoraron significativamente sus rendimientos.

El Jefe de este programa era el Ing. Agrónomo Don José Suárez Fanjul, distinguido profesional con un M.Sc. en empastadas de la Universidad de California. Se le denominaba “Coordinador del Plan Chillán” y tenía a su cargo las directrices técnicas, la planificación de las actividades, la administración general del Plan y la coordinación con los expertos extranjeros.

El Plan Chillán tenía un tiempo para actuar. Su política estaba basada en que una vez los agricultores comprendieran la ventaja de la tecnología, el Plan podría retirarse y llegarían a la zona empresas privadas a ofrecer insumos, maquinaria y apoyo técnico. El destino de la gran infraestructura que se había creado y que quedaría desocupada una vez los técnicos se retiraran, era un problema que no se había abordado. José Suárez estaba interesado personalmente en esta materia pues era dueño de un próspero fundo, “Los Encinos de Pomuyeto”, a unos 20 km de Chillán, el cual, a pesar de estar óptimamente cultivado, fue expropiado durante la Reforma Agraria del gobierno de Frei Montalva. Suárez era un firme defensor de la descentralización del país, especialmente en la educación

José Suárez, formaba parte de un grupo no oficial que se autodenominaba el GAS (Grupo de Agrónomos Selectos). Eran unos pocos, posiblemente una docena, sin duda los mejor preparados, con estudios en el extranjero, ejecutantes de investigación científica publicada y connotados especialistas nacionales. Entre los que recuerdo estaban los Ing. Agrónomos señores Elías Letelier, Manuel Rodríguez, René Cortázar (Premio nacional de Ciencias 1978), Raúl Cortés Peña, y otros, casi todos profesores de sus especialidades en las dos Facultades de Agronomía de Santiago. La calidad técnica de los agrónomos chilenos de esa época era precaria. De ellos nació la idea de crear una facultad de agronomía en Concepción, la que ayudaría a la descentralización de la educación en el país y podría ser, eventualmente, la heredera de la tecnología e infraestructura del Plan Chillán cuando éste se retirara.

Cuando se empezó a discutir la idea, que incluía que el Ministerio de Agricultura cediera la Escuela Agrícola para este propósito, los alumnos de la Escuela Agrícola hicieron protestas y desfiles con pancartas, animales mayores y consignas por el centro de Chillán, pidiendo el apoyo ciudadano para proteger su Escuela. En ese tiempo, ya este tipo de movilizaciones empezaban a politizarse.

Por varios años, desde 1953 hasta 1958, fui funcionario del Plan Chillán y del Ministerio de Agricultura en la especialidad de Entomología Económica. Tenía camioneta personal y la obligación de visitar a los agricultores con problemas entomológicos y entregarles recomendaciones. A partir de 1955 recibí contrato por media jornada en la Universidad. Cuando trabajaba bajo las órdenes de Raúl Cortés Peña en el Departamento de Fitoparasitología y Estudios Básicos del Ministerio de Agricultura, que él mismo había creado a su regreso de Harvard, y en el DTICA, en Santiago, me propuso que acompañara a José Suárez Fanjul, a quién yo no conocía, a hablar con el Rector de la Universidad de Concepción Don Enrique Molina Garmendia para proponerle la creación de una Facultad de Agronomía que recibiera la infraestructura del Plan Chillán que terminaba. Fundamentó su petición en que ya era hora que yo me expusiera a temas mayores que los de la simple Entomología Económica. La reunión con el Rector, fue una experiencia muy importante para mí. Me mantuve todo el tiempo callado mientras estas dos personas trataban el tema. Ambas eran de un nivel tan elevado hablando de temas relacionados con el interés nacional, que fue para mí, que nunca había sido expuesto a temas más allá de los de intereses particulares, una experiencia que me marcó. El Rector aseguró a José Suárez que presentaría el plan al Consejo Superior, lo que hizo y este fue aprobado.

El plan para la nueva Escuela de Agronomía estaba pensado para usar la excelente infraestructura de la Universidad de Concepción en Ciencias Básicas: Química, Física, Matemáticas y Biología. Consideraba un ciclo básico de dos años en Concepción, donde se cursarían las asignaturas básicas en conjunto con los alumnos de otras carreras (Ingenierías y Química y Farmacia); un ciclo profesional de dos años en Chillán, en régimen de internado, donde se tratarían las asignaturas profesionales aprovechando los especialistas que había preparado el Plan Chillán. Un tercer ciclo consideraba que todos los alumnos se irían a la Universidad de California (USA) a obtener un Magíster junto con su título de Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Concepción.

Para ejecutar este plan se contaba con lo necesario en las ciencias básicas pero faltaba un profesor para el ramo de Zoología Agrícola. La universidad llamó a concurso nacional a través de la prensa. Me presenté junto con otras cuatro personas. Fuimos citados para dar una clase demostrativa en la Universidad. Asistieron a ésta, el Sr. Rector, autoridades y una cantidad de alumnos. Es necesario recordar que no había en ese tiempo muchas situaciones novedosas como ésta en Concepción, de manera que la asistencia fue numerosa. Además era la primea vez que se hacía un concurso nacional para nombrar un profesor en la Universidad. La clase la dimos el mismo día uno después de otro en el auditorio de la Escuela de Química y Farmacia. Presenté “El ciclo evolutivo de la Taenia solium y su importancia para el ganado y las personas: reconocimiento y control”.

Un par de semanas después me llegó una carta en la que se me comunicaba que había resultado elegido y debía presentarme en la Rectoría en una fecha determinada. Yo no era un destacado experto en el tema. Había aprendido la materia como ayudante de Don Gabriel Olalquiaga Fauré, en el curso que éste daba en la Universidad Católica de Santiago donde yo era su ayudante. Es necesario recordar que en la Universidad Católica, en ese tiempo, los profesores no tenían sueldo. Era considerado un honor ser profesor de la Facultad. Los profesores faltaban mucho a clases, las que teníamos que suplir los ayudantes. De esto resultó que adquiríamos mucha experiencia, tanto en la materia, los laboratorios como en el manejo de alumnos. A ello debo posiblemente el haber ganado el concurso y ser nombrado profesor titular el 6 de abril de 1955.

A mi arribo a la Universidad, los primeros días de abril de 1955, fui acompañado por el Director Don Pedro Casals hasta lo que se me indicó sería mi oficina-laboratorio personal. Era un amplio espacio bajo el arco de Medicina con algo de mobiliario. Luego me acompañó a mostrarme donde haría los laboratorios. Mi sorpresa fue enorme cuando me mostró el gran laboratorio que había en el Instituto de Biología, para 50 alumnos sentados, cada uno con su microscopio, agua y gas. Recordaba los laboratorios de mi universidad donde había 4 microscopios para 100 alumnos de primer año que formaban filas para ver las preparaciones, lo que creaba un desorden permanente. Los alumnos de la Universidad Católica en Agronomía, en ese tiempo, eran formados principalmente para ser administradores de fundos. Un porcentaje elevado eran hijos de dueños de fundo y el interés por la Zoología Agrícola era, naturalmente bajo.

El día 3 de abril de 1955, a las 9 de la mañana, en una sala de clases en la Facultad de Ingeniería, dicté la primera clase en la historia de la Escuela de Agronomía: Zoología Agrícola para 31 alumnos (4 damas). Por ser la primera clase, había prensa y algunas autoridades como el Decano José Suárez y el Director de la Escuela Ing. Agrónomo Don Pedro Casals Morales, que desde antes ya era el administrador de los fundos Andalién y Bellavista de propiedad de la Universidad, quien dedicó una palabras a los alumnos invitándolos a esforzarse y aprovechar las características de esta nueva Escuela que ofrecía un plan diferente y novedoso.

El Diario El Sur publicó sobre este evento el 6 de abril de 1955: “Facultad [que aún no lo era] de Agronomía y Ganadería de la U. de Concepción, comenzó en la mañana de ayer, actividades docentes. Palabras del Decano Sr. Suarez Fanjul y del Director Sr. Casals”. Luego menciona que la primera clase versó sobre Zoología Agrícola.

Los fundos de la Universidad –cerca de mil hectáreas en las afueras de Concepción-habían sido propiedad de un señor japonés, Don Yoshitaro Amono, a quien durante la Segunda Guerra Mundial, en la cual Chile declaró la guerra a Japón, le fueron expropiados. A este señor lo acusaron de estar haciendo señales de luz hacia Talcahuano para orientar submarinos japoneses. Nunca los recuperó. Regresó después de la guerra pero al conocer que sus fundos ya estaban en manos de la Universidad de Concepción, anunció que los donaba para que en ellos se hiciera investigación agrícola y una Facultad de Agronomía.

En la primera reunión de los docentes de la Escuela de Agronomía se me nombró Secretario de Estudios, cuya misión era coordinar las actividades docentes con otras facultades que prestaban servicio a la Escuela

La Escuela de Agronomía funcionó varios años de acuerdo con el plan, sin llegar a concretar el plan California. Los alumnos en Concepción empezaron a reclamar que al no tener edificio propio, no “sentían” la carrera, como otros alumnos de la Universidad. Les avergonzaba estar usando salas de clase y laboratorios de otras facultades. En realidad la dirección de la Escuela funcionaba con el director y dos secretarias, en el modesto edificio que había sido la administración del barrio Universitario, al lado de la Laguna Los Patos. Esto de no “sentir” la carrera debe haber tenido algún peso, pero sin duda el mayor peso era la cantidad de alumnos que reprobaban las asignaturas de física, química y matemáticas, las que tomaban en conjunto con los alumnos de otras carreras. La presión estudiantil, infiltrada por elementos políticos, que ya en esa época se vislumbraba el poder que posteriormente tendrían, les permitió ganar su lucha y Agronomía se dictó desde el primer año en Chillán, con notable baja en la calidad de las asignaturas básicas.

Para la comunidad penquista, el nacimiento de una Escuela de Agronomía en la zona era motivo de vivo interés. La prensa continuamente informaba de los mas mínimos detalles, en ocasiones agrandándolos para hacerlos noticia. A invitación del Sr. Director del Diario El Sur, Don Armando Lazcano, empecé a publicar media página en el diario todos los domingos. Un total de 28 artículos en forma de monografías de plagas, llamativamente ilustrados, fueron publicados entre el 5 de junio y el 19 de agosto de 1956. El Plan Chillán inició actividades en Concepción por medio de charlas, conferencia, jornadas agrícolas, programas radiales, etc. Esto proyectó a la nueva Escuela a una posición destacada dentro de la Universidad y la zona. El plan Chillán extendió sus actividades haciendo jornadas de divulgación agrícola a otras zonas como Osorno (Escuela Agrícola Adolpho Matthei), Los Ángeles (Cooperativas), Valdivia, donde un grupo de profesores fuimos a dictar conferencias. En ellas me refería a los nuevos insecticidas.

La prensa, especialmente el Diario El Sur, publicaba casi diariamente notas sobre los avances de la Escuela de Agronomía. En mi laboratorio, había iniciado una colección de plagas agrícolas tanto de insectos secos como en frascos con alcohol. Con mucha frecuencia iban los periodistas a visitar ese laboratorio y se informaban de los avances, que eran, por el tiempo transcurrido, modestos. Pero para los estándares de la comunidad penquista eran una novedad. El 6 de diciembre de 1957, el diario La Crónica publica, a página completa, un extenso artículo que titula: “Una de las Mejores Colecciones de Insectos del Continente ha sido formada en la U”. El 7 de diciembre de 1957, el diario El Sur de Concepción destina media página a un artículo que titula: “Departamento de Entomología Modelo se está formando en la Universidad de Concepción”. Tal vez lo que impresionó al periodista fue que con apoyo directo del rector, habíamos comprado la colección de insectos Scarabaeidae del fallecido entomólogo Don Ramón Gutiérrez Alonso, en Santiago, compuesta por 30.000 ejemplares, lo que significó una novedad para la zona de Concepción. Obviamente era una exageración, pues hacía sólo cuatro años que se había fundado la Escuela. No obstante esta colección, posteriormente aumentada a todos los animales, formó en Concepción el actual Museo de Colecciones Científicas de Zoología de la Universidad de Concepción que, 50 años más tarde, aún a mi cargo, posee cerca de medio millón de especímenes y recientemente ha sido valorizado en más de 10 millones de dólares. Las noticias frecuentes aparecidas en los diarios y radios, referentes a entomología, se debía a que en la Escuela de Agronomía no habían, por el momento, otras áreas en desarrollo novedosas que pudieran constituir noticia. Además la entomología era desconocida en la zona, donde algunas veces se le confundió con enología.

Don José Suárez trabajaba intensamente preparando el plan con California para el quinto año y ya habían logrado firmar un preacuerdo entre ambas universidades.

Fue dos veces a Chillán una comisión de la Universidad de California formada por seis o siete personas. Se hicieron reuniones en conjunto con personalidades de la Universidad, los profesores de la Escuela y algunos representantes de alumnos. Durante las reuniones, el único que podía hablar era José Suárez, y en un muy modesto inglés. El resto no entendíamos nada pues no había traductores. Los americanos visitaron las dependencias, comprobaron la infraestructura y demostraron interés por tener reuniones con alumnos, lo que fue imposible por el idioma. Finalmente se fueron y no volvieron más. Allí murió el plan inicial del quinto año en California.

La Escuela siguió funcionando, adaptándose, y tratando de tener una relación adecuada con los alumnos ya que todo avance significaba una creación sin antecedentes previos, lo cual era cada día menos fácil, pues ya se iniciaban sectores políticos en pugna, tanto de profesores como de alumnos. ¡Es increíble la facilidad con que se chilenizan las instituciones en Chile¡

Posteriormente se creó la Facultad de Agronomía y ha seguido creciendo hasta conformar esta excelente institución que es, en muchos aspectos, señera en el país.

Cabe preguntarse qué habría sucedido si el plan con la Universidad de California hubiese funcionado. El año 1959 habrían llegado de regreso los primeros Ingenieros Agrónomos M.Sc. de la Universidad de Concepción.