E.2.1. Historia de la Entomología en Chile

Dr. Jorge N. Artigas. noviembre 28, 2013. Conferencia Congreso Anual Sociedad Chilena de  Entomología.

Cuando me pidieron este tema para la conferencia, me di cuenta que peligraba  el poder cumplir con mi pretensión de ser un caballero, que como Uds. saben: “Un caballero no da nombres, no habla de sus bienes ni de sus deudas ni de sus amantes” . Hacer historia obliga a dar nombres, es una especie de conventilleo en el tiempo. Entonces me propuse hacer algo esterilizado, dar fechas y hechos comprobados o al menos previamente aparecidos en la literatura. Y así lo empecé, resultó algo horroroso, mareador con tantas fechas, parecía un diccionario de historia. La otra posibilidad era describir el desarrollo de las instituciones con sus jefaturas y menciones de entomólogos destacados en ellas y sus obras. Casi resultó peor y hasta cursi. Finalmente me propuse algo intermedio con datos inéditos, algunos muy inseguros pero interesantes otros, simples vivencias, mal que mal llevo casi 70 años de entomología y algo he visto. Así es que resultó esto que no es ni chicha ni limonada y por definición, o por defecto como se llama ahora, siempre será menos entretenido e informativo que una conversación entre colegas amigos con algunas rondas de cerveza frías y toda la noche por delante.

 Reseña histórica

Al parecer no hay historia previa a la llegada de los conquistadores
Lo que sabemos lo deducimos por algunos nombres que hay en el primer diccionario araucano, hoy mapudungún, que escribió el padre capuchino Fray José de Augusta, publicado en 1916, fruto de su amistad con el cacique Pascual Coña, un verdadero erudito araucano. Así tenía que ser, los insectos no pasan desapercibidos, o por malos o por bellos son recordados y se les da un nombre. Este tema ofrece un buen campo de investigación, hasta hoy no escudriñado.
Es imposible que no haya nombre para el chinche molle, el ciervo volante, los matapiojos, cada una de las moscas grandes, las mariposas, la hembra de la madre de la culebra y tantos que no pueden haber pasado desapercibidos para nuestros originales.

He recogido algunos nombres: por ejemplo
Tragurén para el palote
Pifí la mosca, posiblemente  múscidos
Kowella la hormiga negra conocida por sus dolorosas picaduras
Putruquín el abejorro, seguro que el Bombus  rojizo por su miel
Chille la chicharra. Vendrá de ahí el nombre de Chile?
Trintraros para los termites, que se les metían por el cuello y en la sopa a fines de enero
Pulko para zancudos. Muy molestos en las poblaciones rivereñas donde principalmente estaban las rucas.

Se considera que antes de la llegada de los españoles no habían en Chile pulgas, ni, piojos, ni ladillas, ni sarna, ni chinches. Me pregunto ¿de qué se rascaban los araucanos entonces? ¿Son todas estas plagas exclusivamente europeas? ¿Qué trajeron los conquistadores incaicos que llegaron antes que los españoles?
Entre los primeros españoles llegados, los mas letrados eran los frailes y algunos capitanes. Estos fueron los primeros cronistas. Unos informaban a sus superiores religiosos, los otros al rey de España. Felizmente ambas autoridades tenían la manía de archivar y en lo posible publicar posteriormente. Era un modo de hacerse propaganda.
La primera cita, aparentemente es la de Gerónimo Días de Bibar, escrita en 1558 la “Crónica y relación del reino de Chile”. Entre otras cosas describe que: cuando Michimalonco atacó Santiago el 11 de septiembre de 1541 y “los pobladores quedaron en gran hambruna, los sobrevivientes subsistieron comiendo las chicharras del campo”, da Bibar una descripción que lleva a algún Tettigades.  Yo creo que deben haber sido, mas bien langostas sedentarias Dichroplus, que son mucho mas abundantes y de buen sabor. Las chicharras son muy coriáceas, no las imagino como alimento.
Pedro Mariño de Loberas, contemporáneo de Dias de Bibar, describe sus observaciones, hechas entre 1552 y 1594: “Hay también miel de abeja sin cuidar por ser silvestre y ni género de cera en sus panales”. Se refiere sin duda al Bombus dahlbomi el abejorro rojo. Hoy casi en peligro de extinción y su nicho ocupado por polinizadores extranjeros. Este abejorro es el único insecto del género Bombus en Chile. Esta distribución es un interesante tema de investigación; en Brasil hay mas de 40 especies.
El padre  Diego Rosales, entre 1629-1677, describe observaciones sobre las abejas en Chile, que se publican 200 años después, en 1870, pero no tienen mucho interés entomológico. Lo interesante de este trabajo es que observaciones hechas tantos años antes al fin, de todos modos se publican. Era la ventaja de las órdenes religiosas que guardaban los manuscritos de sus monjes y finalmente, sin apuro, los terminaban publicando.

  1. Hasta aquí la entomología  antes del siglo 18. Hay que estudiar esto, se conocen varias fuentes y habrá muchas mas que hay que encontrar, especialmente en los informes al Rey por sus militares y a los Priores de las órdenes religiosas por sus monjes. El archivo de Indias de Sevilla ha sido escudriñado bastante, pero ¿y los archivos conventuales de los Dominicos, Franciscanos, Agustinos, etc.?
  1.  En el siglo 18 aparece el naturalista, nacido en Chile, abate Juan Ignacio Molina, que en su Saggio sulla Storia Naturale, menciona la primera plaga para Chile: el Pilme de la papa, anotando que atacan papales y que los campesinos golpeaban las hojas de papa sobre tiestos con agua hirviendo donde “caían los pilmes y se  abrasaban”. Otra observación de Molina es sobre el Bruco del Trigo Sitophilus granarius L. que observó, cuando estaba en Valparaíso esperando ser deportado junto a todos los jesuitas  de Chile, el trigo guardado en el muelle en espera de barcos para ser enviado al Perú. Dice: “Los ojos se enceguecían mirando el grano atacado por los gorgojos que por miles destruían el trigo”. Esta es la primera cita de gorgojos para Chile, con lo que se deduce que estos llegaron al país hace mas de 300 años.
  1. Un evento de gran relevancia para la entomología es que en 1872, a petición de la Sociedad Nacional de Agricultura, el ministerio de Agricultura crea el “Instituto Agrícola de Chile”, que funcionó bajo la dirección de la Sociedad Nacional de Agricultura  bajo el nombre de “Instituto Agronómico de Chile” en la Universidad de San Felipe, posteriormente pasa a la Universidad de Chile y se considera  el origen de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de esa universidad. O sea, que esta cátedra de entomología fue muy anterior a las cátedras de muchas otras disciplinas científicas en Chile y en Sudamérica. Es interesante que la iniciativa es de una sociedad de agricultores y no del Estado, posiblemente porque ellos ya eran conocedores de los problemas agrícolas aparecidos en  Francia y  USA.
  1. Derivado de esto, se crea en 1896 la “Quinta Normal”, un pequeño predio agrícola experimental del Estado y en él, la Estación de Patología Vegetal impulsada por Don Ramón Barros Luco, que era Ministro del Interior, con la recomendación expresa de vigilar que no entrara la Filoxera de la vid a  Chile (experiencia francesa que aterrorizaba a los vitivinicultores chilenos).

La Estación de Patología Vegetal fue dirigida eficientemente por Don Carlos Camacho hasta 1930, que dio un gran impulso a la Entomología Agrícola, para eso contrató a Don Carlos Silva Figueroa. Este Profesor entomólogo, hizo un buen trabajo, entre otras cosas estudió y publicó  sobre la polilla de la papa, los cósidos xilófagos, la polilla del palto y otros.

  1. En este tiempo aparece en escena una persona de una capacidad increíble: Don Manuel Jesús Rivera, de unos 28 a 29 años, que había creado en el Instituto Agrícola una cátedra de Entomología de nivel superior.  Derivado de ello, por decreto Nº 442 del 22 marzo de 1907 se le envía en comisión de servicios a observar estudios entomológicos en el extranjero.

Es clara la relación de estos hechos con los agricultores chilenos viñateros, ricos, viajados, buenos observadores y con influencia en el gobierno, que temían que la “Filoxera de la vid” llegara a Chile y los arruinara como lo hizo con los vitivinicultores europeos .

  1. Manuel Jesús Rivera, que aparentemente era profesor de estado, visita los laboratorios en Washington, en el Buro of Entomology lo recibe el Dr. L.O. Howard, su director, y se informa de todo. Luego visita laboratorios entomológicos en N. York, Connecticut, Cornell, Pensilvania y Massachussets. Va a Francia y lo recibe M. Paul Marshall, director de la Estación de Entomología de Ruan.  Rivera presenta a su regreso un completísimo informe que incluye detalladas comparaciones entre los avances de la entomología de la época, en Francia y USA. Incluye en su informe un plan de estudio diseñado para Chile, con abundantes laboratorios para los alumnos, indicando las fechas mas convenientes para estos laboratorios. Pone en práctica  este plan en su cátedra del Instituto Agrícola.  Rivera muere en 1910 a los 35 años de edad. Gran pérdida para la ciencia agrícola, la entomología económica y la zoológica agrícola de Chile.
  1. Lo sucede en la cátedra de la U. de Chile desde 1911 a 1927, un profesor de estado y naturalista, que se autodenominaba el “Sabio Porter”, era Don Carlos E. Porter, un personaje un poco excéntrico que contestaba sus cartas en el mismo correo Central de Santiago, pues no tenía oficina. Publicó abundantes observaciones entomológicas en la Revista Chilena de Historia Natural, que había fundado y dirigía. Era sin duda un sabio naturalista que efectuó una gran labor para la ciencia chilena. Lo sucedió don Carlos Stuardo Ortiz, también profesor de estado, que publicó un importante Catálogo de dípteros chilenos en 1946. A él lo sucedió el Ing. Agr. Don Raúl Cortés Peña (mi recordado profesor) y a él  nuestro actual y conocido colega y amigo el Ing. Agr. Dr. Roberto González.

Poco después de la creación de la cátedra de entomología en la U. de Chile, la U. Católica creó una cátedra similar ( por largo tiempo existieron en Chile solo dos Facultades de Agronomía), la que fue servida desde su inicio por  Don Carlos Porter hasta 1947, luego se hacen cargo de ella Don Raúl Cortés Peña y Don Gabriel Olalquiaga Faure, ambos funcionario en ese tiempo de la Sección de “Fitoparasitología y estudios básicos” del Ministerio de Agricultura, de donde salimos todos los  entomólogos económicos de ese tiempo. Después de un tiempo, de estar esta cátedra prácticamente acéfala, la sirvió el Ing. Agrónomo Dr. Jaime Apablaza y actualmente la Dra. Tania Zaviezo con gran entusiasmo y éxito.

  1. En la facultad de Agronomía de la Universidad de Chile, se crea una cátedra de Zoología Agrícola, con énfasis en parásitos y enfermedades ocasionadas por insectos. Ésta fue servida por el Ing. Agrónomo Dr. Alberto Graf Marín, un hombre de ciencia, que fue el primer chileno en obtener el grado de doctor en el extranjero. Lo obtuvo en Cornell en 1931. Le sucedió el entomólogo Ing. Ag. Dr. Leonidas Durán, doctorado en Alemania en 1936, quien terminó finalmente creando  una cátedra similar en la Universidad Austral de Valdivia, que sirvió hasta jubilar.

En un tiempo se encontraron trabajando juntos, en oficinas contiguas, en la quinta normal de Santiago, Don Raúl Cortés Peña y Don Leonidas Durán Moya, que mantuvieron una guerra privada sin tregua hasta que Durán se fue a Valdivia.

  1. Esto fue mas o menos en la línea agrícola universitaria. En la línea de ciencia pura había abundantes amateurs, es decir sin estudios formales de entomología, algunos eran profesionales, como el médico Emilio Ureta,  y el  profesor de estado Don José Herrera y su ayudante por muchos años, la profesora María Etcheverry. Tenían Herrera y Ureta una peleas tremendas respecto de las mariposas ninfálidas que ambos estudiaban, donde peleaban por los nombres correctos, sinonimisando cada uno las especies nombradas  del otro. Creaban un espectáculo en la pequeña Sociedad Chilena de Entomología y en el Museo Nacional, donde las peleas eran a gritos.
  1. En el Colegio de los Padres Alemanes, había un sacerdote que obtuvo el primer doctorado otorgado en Chile, por la Universidad de Chile, el Padre Guillermo Kuschel, especialista en curculiónidos. Un tremendo trabajador, cultísimo y un verdadero científico, yo creo que era el mas preparado de todos los entomólogos de Chile en ese tiempo.  Posteriormente, dejó el sacerdocio y se fue de investigador a Nueva Zelandia con gran éxito internacional, donde se casó, tuvo cargos y finalmente jubiló.  Kuschel, que creo que aún vive, nunca perdió contacto con Chile, sus colegas chilenos y sus curculiónidos.
  1. En el Pedagógico de la U. de Chile (Facultad de Filosofía y Educación), los entomólogos eran los profesores José Herrera y  María Etcheverry, desarrollaron una cátedra de entomología para los pedagogos que era hipertrofiada; los alumnos temían mas a esa cátedra que a ninguna otra. Publicaron unos apuntes de Entomología General muy buenos, que fueron los primeros en publicarse en Chile en el tema y todos los usamos de alguna manera. Desgraciadamente estaban ordenados por sesiones del curso que ellos dictaban, con lo que perdían universalidad. Habría sido un excelente texto de Entomología General para  Chile en esa época.
  1. Muchos otros entomólogos amateurs había en ese tiempo, recuerdo al médico Edwin Reed que publicó un catálogo de insectos dípteros en 1888, posiblemente el primer catálogo entomológico de Chile. Reed era médico obstetra y tenía una colección de insectos que yo fui a ver para comprarla para la Universidad de Concepción. Su precio era el pasaje en barco para él y su señora a Inglaterra. Reed que era también naturalista, describió la especie de langosta marina Panulirus pascuensis Reed y tenía al holotipo en una urna de cristal sobre su escritorio, donde atendía a sus parturientas, tal vez para acelerar el parto. Don Ramón Gutiérrez que estudiaba escarabéidos y  formó una gran colección que le compramos a su viuda; la tenía en la trastienda de su almacén de abarrotes en la calle San Diego en Santiago; le costó a la Universidad de Concepción un auto Ford del año. Rodolfo Wagenknecht cuya colección de Apoídeos tenemos en Concepción en  el MZUC; la adquisición tuvo que hacerse en secreto, para que no se enteraran sus hijos. Los padres franceses Jaffuel y Pirion, cuya colección tenemos en comodato, eran entusiastas naturalistas y profesores de ciencias en el colegio de los Padres Franceses.  El hermano dominico Flaminio Ruiz que estudiaba entre otros los Ceroglossus y era muy entusiasta de la Sociedad Chilena de Entomología y las reuniones se hacían en la biblioteca del  convento de los Dominicos de Santiago, con café y galletas. Ese fue mi primer contacto con la Sociedad, me llevó Don Raúl Cortés en 1949. Había muchos otros que tendría que recordar con mas calma.
  1. Los entomólogos amateurs en Chile han sido muy activos e importantes, prácticamente ellos  son los que han hecho avanzar la entomología sistemática. Un ejemplo fue Luis Peña Guzmán. Hoy en día siguen apareciendo nuevos y muy entusiastas entomólogos “amadores”, provenientes de distintos campos de trabajo como por ejemplo de la cirugía plástica con el médico Pedro Vidal que heredó la excelente colección de tenebriónidos de su tío Luis Peña, la que sigue incrementando y publicando sobre ella. El Ing. Agrónomo Juan E. Barriga que hizo su tesis de agrónomo formando una excelente colección de brúquidos que nos donó al MZUC.   Y así muchos mas, que son muchos para incluirlos en esta reseña.
  1. Los grupos de entomólogos de diferentes instituciones de Chile se han mantenido en permanente contacto y entre algunos ha existido una larga amistad que al menos se revive una vez al año durante el Congreso de Entomología. Todos ellos están muy próximos para ser historia de la entomología. Sin embargo debemos recordar a los amigos que se han ido como Ariel Camousseigth que estudió nuestros fásmidos, Haroldo Toro los apoídeos y Miguel Cerda los cerambícidos, cuya viuda donó su colección al Museo Nacional, fueron leales a su disciplina por toda una vida. Haroldo formó con Luisa Ruz y Elizabeth Chiappa en  Valparaíso una importante colección de himenópteros y Dolly Lanfranco de  Ichneumónidos que inició en Punta Arenas, y Renato Ripa de parasitoides en La Cruz, Viviana Jerez de coleópteros en Concepción,  Andrés Angulo y Tania Olivares de nóctuidos. Me trato de acordar de los mas antiguos, recuerdo a Juan Moroni, Mario Elgueta y su excelente trabajo en curculiónidos, Tomas Moore y sus bupréstidos, Jacobo Numhauser, cuya colección de lucánidos está en Concepción, Luis Parra y su trabajo en geométridos, Tomás Cekalovic que reunió microcoleópteros, Mario Pino, María E. Casanueva que hoy está dedicada a los arácnidos. Jaime Luna que formó una colección de plagas agrícolas en Temuco. No puedo dejar de mencionar a Don Sergio Rojas pionero en control biológico y Renato Ripa , exitoso especialista en esta disciplina. Imagino que me debo incluir yo con mi colección de asílidos neotropiales que está en el MZUC.  Algunos se me quedan afuera, tal vez por demasiado famosos o importantes. Los  nuevos aún no son historia.

24. La entomología como ciencia apoyada por el estado, nace en el Museo  Nacional de Historia Natural. En él se crea la sección de Entomología y se contrata  en 1903 al entomólogo francés M. Philibert Germain, que fue prolífico en publicaciones e inicia la colección, lo sucede el profesor Don Carlos Silva Figueroa hasta 1922, luego Carlos Porter hasta 1927 y el médico Emilio Ureta entre 1938 y 1958. Luego la Sección Entomología quedó acéfala por mas de 10 años, cualquiera persona podía entrar pidiendo que le abrieran la puerta y se robaban lo que querían, imagino que entonces se perdieron los tipos de Philippi. Así conocí yo esa sección, espantado por la falta de seguridad.

25. En 1910 el Museo Nacional tenía dos entomólogos titulares, Carlos E. Porter a cargo de entomología y Carlos Silva Figueroa, eran nombramientos políticos. Como ambos no se querían y estaban en permanente guerra, a Silva le crearon una sección especial de “Aracnología e Insectos Dañinos”; no se sabe que haya habido otra en el mundo con esa definición.

26. En 1944, en el Ministerio de Agricultura, Don Juan Manuel Casanueva, crea en la   Quinta Normal, a iniciativa del Ing. Agr. Don Raúl Cortés Peña, recién llegado después de dos años en Harvard, en el Departamento de Sanidad Vegetal, la Sección de “Fitoparasitología y Estudios Básicos”. La crea en el Ministerio de agricultura para que dentro del presupuesto de la sección se pudiera hacer entomología aplicada y pura, Fue iniciativa del Ing. Agr. Don Raúl Cortés, quién trajo esta idea a Chile recomendado por su profesor americano, para que dentro del presupuesto de la sección, que era mas alto que el de entomología en el Museo Nacional, también se pudieran efectuar estudios básicos de entomología y zoología y no exclusivamente entomología de interés agrícola.

Cortés inició el estudio de los dípteros taquínidos chilenos, que por ser parasitóides de insectos, de todos modos tenían una relación con la agricultura, publicó varios trabajos sobre ellos y formó una buena colección que heredó su ayudante del último tiempo, el Sr. Christian González.  Cortés era el primero y único agrónomo entomólogo que realizaba asesoría entomológica a huertos frutales en la zona Central. Además inició una colección general de insectos  que no prosperó y se fue a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile, a cargo de Luis Peña y con el apoyo substancial del Programa Chile-California. En esa Sección se forma también el “Insectario de La Cruz” para criar enemigos naturales de insectos de importancia agrícola (control biológico), que funciona hasta hoy con singular eficiencia. Desde el inicio fue dirigido por Raúl Cortés desde Santiago y por Don Sergio Rojas en el mismo insectario en La Cruz. Ha tenido notables éxitos, como el control de la Conchuela Acanalada de los cítricos Icerya purchasi, que hoy no se obtiene ni para mostrar en clases y en un tiempo los cítricos eran una gran masa pegajosa blanca. Ha tenido éxitos y algunos fracasos propios de la especialidad, pero su personal trabaja con una mística envidiable en este mundo lleno de plaguicidas.
Raúl Cortés fue sin duda una figura señera de la entomología chilena en los años 40 y 50. Formó a muchos jóvenes, entre otros a mi. No era lo que se podría decir un entomólogo científico a pesar de su breve estadía en Harvard y sus estudios en taquínidos, pero tenía una  visión moderna sobre lo que debería ser la entomología agrícola en Chile. Llevaba a su sección de “Fitoparasitología y Estudios Básicos” a jóvenes agrónomos de ambas universidades para que se desarrollaran como entomólogos. Los contrataba como obreros (con libreta de obreros), y los ponía en contacto con agricultores para que hicieran asesorías en terreno. En su Sección se recibieron los primeros insecticidas que llegaban a Chile, para ser probados en terreno. El DDT llegó a Chile en 1950 y nosotros, los primeros en usarlo. Lo manejábamos con las manos, igual que luego lo hacíamos con el DDD, Canfeno Clorado, Parathion, Malathion, Aldrin, Dieldrin, etc. De ese grupo de jóvenes salieron  los primeros vendedores técnicos de pesticidas de: Copec, Perez Reitzer y Benitez, Shell, ANASAC, entre otras. Para los estándares de la época, esta actividad estaba bien remunerada.
Cortés no dirigía ni contrataba mujeres, era mas bien misógeno. A nosotros nos llamaba depravados porque pololeábamos y a algunos, después que se casaban los llamaba fornicadores públicos, lo que nos divertía mucho. Éramos un grupo de unos 8 jóvenes, alegres, despreocupados y buenos para las niñas.
Cortés tenía excelentes relaciones con la Rockefeller Foundation, y varios ganamos becas para hacer doctorados en USA. Recuerdo a Roberto González, Luciano Campos,  Polo Caltagirone, Roberto Fernández y varios mas, pues esto sucedió en el tiempo. Todos estábamos en edad de casarnos y el problema era darle la noticia a Cortés que se enfurecía porque preferíamos casarnos a la ciencia, como él. Con el tiempo todos nos casamos y nos llenamos de hijos y algo de ciencia.
Raúl Cortés fue Director de la Sección de Sanidad Vegetal después que Leonidas Durán se fue a Valdivia.

Del grupo de Cortés, el  primero en salir al extrangero fue Leopoldo Caltagirone que se quedó en California investigando en Control Biológico, donde jubiló. Luego  Luciano Campos que se doctoró en USA, volvió a Chile y murió muy joven. Otros fueron Ricardo Isla, Roberto Fernández, Roberto Gonzalez, Álvaro Sainte Marie, el que suscribe y una docena mas. De estos jóvenes, salieron los primeros vendedores técnicos de pesticidas en Chile, actividad que para ese tiempo era muy bien remunerada. Yo pertenecía al grupo de 6 agrónomos que tuvieron el primer contacto con el DDT cuando éste llegó a Chile. Antes del DDT, la Entomología Económica era muy pobre, los controles estaban basados en aceite de ballena, parafina, petróleo y leche, sulfato de nicotina o infusión de tabaco, que no servían para nada o muy poco. Con la llegada de los pesticidas se pudo recomendar a los agricultores y fruticultores, controles para las plagas de gran eficiencia. Se empezó a visitar agricultores y a hacer asesorías técnicas. En esto Cortés fue pionero. El DDT era espectacular, mataba todo. Llegamos a preguntarnos para que se necesitaban entomólogos si el DDT resolvía  todos los problemas. Felizmente alcanzamos a conocer el asunto de la resistencia de la  arañita roja de la vid, y seguimos como entomólogos.

  1. Antes de la aparición de los insecticidas modernos, en otros países, los entomólogos estudiaban morfología, taxonomía, distribución, ciclo biológico, tipo de daño o tipos de alimentación y refugio, es decir todo, y muy poco de su control.  En Chile se hacía muy poco de esto y en algunos aspectos nada. Cuando llegaron los pesticidas modernos, los países que tenían estudios de biología avanzados  sobre ellos, pudieron de inmediato desarrollar planes efectivos de control. En Chile descubrimos recién que había que empezar por hacerlos pues nosotros hacíamos muy poco de esa investigación, solo algunas observaciones de campo que no quedaban debidamente registradas, porque no había  costumbre de publicar. La llegada de los pesticidas inicia la Entomología Económica en Chile, es decir en 1950, tiene 63 años.
  2. Hay pocas plagas que se les reconozca como nativas o haber llegado por medios propios, tal vez Rhyacionia, Ceratitis, Vespula, la hermosa mariposa blanca Pieris brassicae L. que llegó, al parecer, en un barco con cebollas de Europa Central y Lucho Peña fue el primero que la vio y colectó en el Parque del Salitre en Viña del Mar. La distinguió de la mariposa blanca chilena por su hermoso volar errático y lento.  Los técnicos se volvieron locos pues en Chile había un importante cultivo del raps para aceite y comida de salmón y esta mariposa come específicamente crucíferas.  Se veía venir la ruina del raps en Chile.  Pero como Chile tiene un poco la suerte del borracho, se salvó y esta infeliz mariposa se dedicó a comer Tropeolus, una planta de jardín, que no le interesa a nadie. Cuando llegó a Concepción, era una maravilla verla volar calmadamente en pleno invierno en el barrio Universitario; colectamos muchísimas para los laboratorio, la criamos, etc. Hoy en día casi no se ven. La última la vi la semana pasada, tal vez ajustando su ciclo europeo a nuestro clima. Por su cuenta, llevados por el viento, habrán llegado también  algunos pulgones. De estas llegadas  no se puede culpar a nadie. Sin embargo toda las otras plagas han sido introducidas por personas u organismos conocidos y en fechas mas o menos precisas. Cuando los agricultores chilenos empiezan recorrer el mundo, ven otras agriculturas, se entusiasman y traen novedades. Como nadie controlaba, entraba cualquier peste. Llegan de Europa, pero especialmente de Francia y USA California que ya era la avanzada técnica agrícola mundial. Casi todos los frutales que hay en Chile vienen de allá con sus respectivas plagas, así como las técnicas para criarlos, podarlos, injertarlos, desinfectarlos. En Angol había un Escuela Agrícola Metodista fundada por Don Dillman S. Bullock, quienes importaron muchas plantas de California y también muchas plagas. Bullock era pastor misionero, entomólogo y también antropólogo, estudió con interés la cultura Cofqueche.   Creó el Museo de Angol existente hasta hoy en día.
  3. Hasta 1810 fecha de la independencia, Chile solo podía comerciar productos con España y por su cercanía, principalmente con Perú. Luego de la independencia se abrió el comercio al resto del mundo. Llegaron semillas de variedades europeas, pero también problemas como los gorriones traídos por un cura de los padres franceses, que echaba de menos los gorriones de su patria y trajo algunos en una jaulita. Parece que este bien intencionado padre, no traía un permiso o algo así, tal vez no pagó un impuesto de internación, y el agente de aduanas le prohibió entrar sus pajarillos. Molesta su paternidad, en pleno puerto de Valparaíso abrió la jaula y liberó a los primeros gorriones de Chile. Esta historia si no es cierta es  simpática por lo menos.  Habría que oír la opinión de los que le temen a la coccidiosis y creen que llegó con estos gorriones; son cosas del anticlericalismo. Así también llegaron la galega, la zarzamora y los brucos en los granos de leguminosas, entre otras.
  1. Mención especial debe tener Don Salvador Izquierdo que tenía un vivero de plantas en Nos y en el Salto. Entre los años 20 y 30, trajo de California  peras, duraznos, paltos, manzanos, guindos y otros, que trajeron con ellos las conchuelas, los trips, los chanchitos blancos, algunos pulgone, etc. Esto hizo crisis en los años 1920-1935, cuando se comprobó que había conchuelas como la Escama San José que mataba los árboles; no era solo que los afectaba en su producción o belleza, simplemente mataba huertos enteros.
  2. Así nos llenamos de plagas: Curculiónidos, Margarodes (será nativa?), Proeulia, Callisphyris, cuncunillas,  moscas de la fruta y tantos otros que le dan trabajo  a los entomólogos chilenos para que sostengan sus familias, procreen, y jubilen. No todo es tan malo.
  1. Hubo un momento en la historia de estos insectos que el hombre creyó poder manejar su naturaleza, aliándose, como lo hicieron los españoles con algunas comunidades indígenas para derrotar a las otras y finalmente,  controlar el nuevo mundo. Así sucedió con los enemigos naturales de los insectos y el hombre.  Un oscuro y laborioso entomólogo americano de California, que no tiene ningún monumento todavía, trabajaba para el estado en el estudio de plagas de frutales, era Dr. Albert Koebele. Este inspirado entomólogo se hizo la simple y elemental pregunta: ¿Por qué en Australia la Icerya o conchuela blanca algodonosa y los Pseudococus no eran problemas en los cítricos, sin embargo destruían los naranjales de California y arruinaban su producción?  El Dr. Koebele se planteó este interrogante en 1885 luego de  contactarse con entomólogos australianos que aseguraban nunca haber tenido problemas con estas plagas. Nadie quiso ayudar al Dr. Koebele así es que juntó plata de sus propios fondos, vendió su casa, consiguió un préstamo y viajó a Australia. La poderosa industria frutícola de California y el Estado no reconocieron la genial idea del Dr. Koeble. Él reconoció la existencia de parásitos controladores y la posibilidad de trasladarlos, criarlos y distribuirlos en los huertos de otros países e incluso de otros continentes. El Dr. Koeble había descubierto el Control Biológico y se abría un nuevo campo en la ciencia de la entomología mundial.  El pobre Dr. Koeble murió arruinado y olvidado. Entre 1889 y 1928 esta ciencia tuvo un auge extraordinario porque se creyó que resolvería todos los problemas de plagas sin necesidad de insecticidas. Se organizaron instituciones, viajes a Australia, Nueva Zelandia, África, Asia, etc. No hay que ser muy agudo para pensar que los emergentes fabricantes de insecticidas, que eran muy pocos, no estaban felices con esto y por supuesto no ayudaron al Dr. KOeble.  Pero en esos tiempos no había pesticidas eficientes de manera que  las expectativas del control Biológico siempre fueron muy grandes.
  1. Para los estándares de la época, Chile era un país avanzado técnicamente, especialmente en Sudamérica. Luego nos pasmamos y vinimos a despertar por los años 80. Algunos chilenos conocieron las teorías de Koebele e hicieron, como particulares, algunos intentos.  El primero fue Don Theodoro Schneider, en 1903, que trajo de California, USA, el coccinélido Rhizobius ventralis Erich., para combatir la conchuela negra del olivo (Saissetia oleae Berg.). Esta introducción fracasó por que el depredador no logró establecerse en Chile. En 1903 esta misma persona, con la intención de controlar pulgones, importó de USA la chinita Hipodamia convergens G. M. Que liberó directamente en el campo. Estos individuos no lograron establecerse tampoco. Varios años después, en 1915 Don Carlos Camacho, Jefe del Servicio de Policía Sanitaria Vegetal del Ministerio de Agricultura, internó de USA Chiropachys colon Lin., y Rhaphitelus maculatus Walk,. microhimenópteros destinados a  controlar a Scolitus rugulosus. De ellos nada se supo hasta que  en 1935 el hermano Flaminio Ruiz señaló que: “las hormiga y otros depredadores corrientes, extraían del tronco las larvas del scolito que muchas veces aparecían parasitadas por estos microhimenópteros”. Posteriormente el Insectario de la Cruz ha seguido importando este tipo de parasitoides con algunos éxitos contundentes.
  1. Hoy la entomología está globalizada. Los entomólogos circulan por el mundo intercambiando experiencias y los pesticidas son universales.  También circulan las plagas a pesar de las aduanas. Me sorprendió hace poco saber que los chinches de cama se trasladan entre continentes pasando de una maleta a otra en las bodegas de los aviones. Concluyo que los insectos si quieren quedarse en algún país, no hay quien los pare. Lo que podemos hacer es disminuir el daño, limitarlo o, dejarle el espacio a los insectos para que se acomoden y compartir con ellos los beneficios como sucede cuando fijamos umbrales de tolerancia a la infestación.
  1. El intenso tráfico de mercaderías en veloces medios de transporte, han creado una nueva situación, aumentando los peligros de la introducción de plagas. Se han tenido que especializar técnicos en el reconocimiento de plagas no nacionales. Ellos saben mas de las plagas de otros países que las del propio. Esto es en todo el mundo y cada vez se necesitan mas. Esta especialidad esta basada en la capacidad de reconocer insectos perjudiciales extranjeros y distinguirlos de los inocuos y de los nacionales. Estar capacitado para seguir claves taxonómicas extranjeras y tener el apoyo de una colección de referencia para comparar y, por supuesto conocer la psicología del viajero que siempre querrá  romper la barrera, aunque sea por probar que es capaz: es como un juego. Conozco una persona, no es entomólogo, que se jacta de traer a Santiago fruta del norte, poco eso sí, escondida en su auto: el juego es lograr burlar las aduanas.

El celo que en Chile se ha desarrollado para evitar las plagas que afectan su comercio internacional como la aftosa, la mosca de la fruta y otras, es destacable. Recuerdo un caso de unas moscas de la fruta detectadas en trampas en La Cisterna en Santiago. Las autoridades, sin ninguna consideración ordenaron fumigar de inmediato con helicóptero toda la comuna,  sin aviso previo, no había tiempo. La población reaccionó furiosa, alegando que el insecticida manchó la ropa colgada, afectó los ojos de los niños, la respiración de los asmáticos y quizás que pasaría en el futuro con el cáncer. Hubo repercusiones judiciales, que por supuesto no llegaron a nada. Le pregunté tiempo después a un funcionario del SAG que estaba entre los responsables y me respondió: sí, pero se impidió un brote  en el centro del país que habría afectado seriamente las exportaciones. El hombre hablaba con mística.

  1. Estudiar entomología profesionalmente, como obtener un grado por ejemplo, no es sencillo e implica muchos sacrificios, como cualquiera ciencia pura. Nuestros jóvenes, especialmente agrónomos y biólogos, muchas veces enfrentan la disyuntiva de seguir en entomología o dedicarse a los recursos naturales  o impacto ambiental o consultorías. Están en  edad de establecerse, casarse y armar su vida, y estas alternativas se demuestran muy atractivas e inmediatas porque hay fondos para ellas.  Yo creo que debemos asumir que los entomólogos del futuro siempre saldrán de un grupo humano especial, proclives a la mística, al compromiso, al estudio permanente, aceptando un mediano nivel socio económico como todos los científicos del mundo. Los técnicos de la NASA, ganan la mitad del salario de un diputado chileno. 
  2. Hace mucho tiempo (yo ya no lo hice, me faltó vida para hacerlo), tengo la idea de formar una colección de insectos diferente a las conocidas, una donde para cada especie perjudicial, previamente definida del país y otros países relacionados, se vayan juntando muestras de los sustratos que consume o daña, y este sería el propósito y la forma de crecer de la colección: buscar nuevos sustratos de la especie o nuevas formas de expresión, que incluiría galerías, aserrín (frass), excrementos, mudas, artefactos como telas, sonidos, rastros, etc. Pensé que la Facultad de Agronomía de Chillán sería un buen lugar, pero no sucedió. Para este trabajo se necesitarán entomólogos capaces de buscar en la naturaleza, criar, experimentar. Dejo lanzada la idea. En el último Congreso Nacional de Entomología (Concepción, 2013) el colega Jaime Luna, funcionario del SAG en Temuco, me informa que él por muchos años ha formado una colección como la descrita. Este funcionario jubila pronto y no sabe donde quedará su colección.  Le deseo suerte a ambos.
  1. Las colecciones de insectos son algo intrínseco a la entomología, tal vez por la facilidad de conservarlos. En mi experiencia que es suficiente para opinar, en Chile han nacido muchas, especialmente entre los colegas amateurs. Han crecido, han sido el orgullo  de sus formadores y a su muerte un problema para las familias. En Concepción hemos recibido muchas, comprado otras y recibido en comodato varias, en total 46. Las colecciones son inmensamente útiles, especialmente si están permanentemente creciendo y se otorgan amplias facilidades a los investigadores para usarlas. Nosotros en el Museo de la Universidad de Concepción MZUC, tenemos algo así como un lema: “trabajamos diariamente para reunir material que usarán científicos que aún no han nacido” . Pero las colecciones son frágiles y caras de mantener y deben estar cuidadas por gente que tenga conocimiento y  mística, sino desaparecen o se van al extranjero. Los Museos Nacionales o Provinciales sienten que su función es atender las necesidades de los visitantes regulares: curiosos, estudiantes, tercera edad, turistas, etc. Y está bien que así sea. Pero entonces ¿donde deberán esta las colecciones científicas que apoyen las investigaciones? No se puede definir por ley, tienen que estar donde resulten, donde haya continuidad, donde haya estudiantes, donde haya investigadores, donde haya voluntad para hacerlo.  He conocido muchas colecciones que se han vendido, desarmado, vendidas al extranjero, perdido, destruido. Hay y hubo colecciones en instituciones que cambiaron su rubro, eliminaron facultades o secciones, rehicieron sus curricula, debieron ocupar los espacios en otras actividades, etc. Hoy mismo hay unas cinco colecciones en el país que está reestudiando su futuro porque sus lugares de inicio tienen ahora nuevos intereses, o sus expertos han jubilado o fallecido.  Apoyarlas es nuestra obligación, son patrimonio nacional.
  1. Las necesidades de los investigadores en entomología como en otras ciencias, esta cambiando. Hay mayores exigencias para desarrollar los trabajos, se necesita de información almacenada durante los años anteriores. Ya no es posible en todos los casos iniciar una investigación  saliendo a colectar por primera vez, el investigador necesita tener material reunido de antemano así como información . Esto ultimo se cumple hoy en día con los buscadores de la computación y para lo anterior se necesita colecciones científicas adecuadas y Bases de Datos. Por adecuadas entiendo que tenga información agregada a cada ejemplar. Recuerdo hace muchos años atrás, cuando yo empezaba a comprar colecciones de zoología, lo que era inédito en Chile, me ofrecieron la colección de caracoles de Neruda. Conocí la colección y no pude aceptar el ofrecimiento por que los caracoles de Neruda no tienen ningún dato, su valor es solo haber sido de Neruda. La ciencia es otra cosa.  Los investigadores actuales, necesitan bases de datos que den velocidad a su trabajo y que incluyan datos modernos como el ADN o lo que sea que se descubra en el futuro.
  1. Conversando con taxónomos y naturalistas americanos, me informo que están convencidos que en la forma que avanza la tecnología, pronto habrá instrumentos para identificar especies simplemente midiendo su aura, o lo que sea, tal vez emisiones hoy desconocidas y para esto bastará acercarlos a los especímenes y entregarán de inmediato el nombre, el ADN y mucha otra información previamente conocida. Hay movimientos mundiales preocupados de esto, así como de hacer catálogos mundiales.  Las expediciones internacionales entregan resultados inimaginables, los cálculos sobre el número de especies, etc. Claro que antes, un sencillo entomólogo como Uds. (yo ya no estaré), tendrán que reunir los datos y con ellos alimentar previamente a estas máquinas prodigiosas.
  1. Termino  con el convencimiento que la entomología seguirá siendo tema relevante para el hombre, mal que mal de los animales macroscópicos conocidos, el 55% son insectos, es decir casi dos millones hoy en día. Cuando el mundo recalcule el total de especies con las que compartimos el universo, habrán cifras increíble. Recordemos  que Wilson en 1992 y Stark en 1993 creían que las especies de insectos eran 15 millones. Luego Erwin en 1982  propuso la cifra de  30 millones.
    Las nuevas estimaciones del Global Biodiversity Assessment Program es de 200 Millones. Como ven hay mucho futuro para sus  inquietudes. Muchas gracias por su atención 
    y que Dios los proteja.